jueves, 5 de diciembre de 2013
Diciembre...Gracias por venir!
Por fin me he quitado de encima a Noviembre. Pesa mucho y cada año se empeña en acompañar la soledad con ese frío que llega a los huesos, que encoge y al que sólo puedes susurrar que se vaya mientras te abrazas el cuerpo tiritando, con un vano intento de salvaguardar el corazón. "Vete, corre, vuela"...voló, por fin. El frío de Noviembre, látigo sin compasión, desapareció.
Me quedan las penas, la soledad y el dolor; pero todo lo malo se suaviza en Diciembre. Se endulza con el turrón, se ensordece con alegres villancicos, se vive en compañía y se disfraza de esperanza.
El último mes del año, bueno en todos los casos: bien cuando cierra un año memorable o cuando despide a uno fatídico.
Sin embargo, para mí no sólo es el punto final de los doce meses anteriores. Yo vivo Diciembre. Al contrario de lo que ocurre con Noviembre, que hace que me acurruque sin apenas defensas y dejo que todo surja sin intervenir por temor al latigazo; este mes, me da la bienvenida, me sonríe y sale conmigo a pasear. Me presenta a un frío combatible con hermosos abrigos, coloridos fulares y elegantes guantes; me muestra un paisaje repleto de lucecitas y motivos navideños; me acompaña con alegres melodías y me contagia la ilusión de los niños ante la fantasía, la de la familia al reunirse, la del glotón presenciando un buen banquete, la de la adolescente con su vestido de nochevieja o la del que come las uvas, afortunadamente, un año más.
Diciembre no siempre ha sido maravilloso, porque es a lo que nos arriesgamos cuando salimos a jugar; pero, en mi caso, aunque no haya empezado todos los años como me gustaría, nunca he tenido queja de su despedida. Tal vez por eso se lo perdono, me deja un buen sabor de boca.
Éste es mi mes y está para que me cuiden. Estos 31 días, dejo que me mimen: que me feliciten por mi cumpleaños, que me besen, que me vayan a buscar al trabajo, que me arropen y me hagan reír.
Desde hace unos años, mi estado de ánimo varía dependiendo de aquél que un día me dijo: "Ahora que nos han presentado, nadie ni nada nos va a separar". Más bien, de su actitud en cuanto a mí, puesto que me aferré a esa frase pronunciada una primavera. Desde entonces, el látigo de Noviembre asoma en pequeñas dosis en cualquier mes del año cada vez que el que pone un muro entre los dos es él.
Me niego a que me afecte más, me niego a que no me aporten cariño, a que me den la espalda... En Diciembre, no.
Debería estar prohibido devolver un mal gesto a alguien que te recibe con una sonrisa, así que no voy a ser maleducada.
Tu canción, por excelencia. Tratémonos bien, Diciembre:
http://www.youtube.com/watch?v=AwE-VEiYXpI
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