Dicen que la actitud es importante ante situaciones críticas. Mantener la esperanza o, en algunos casos, negar la evidencia y aferrarse como a un clavo ardiendo al pensamiento de que todo saldrá bien es primordial para que el camino que sucede hasta el fin sea más ameno. Sea el fin bueno o malo. La positividad hace del recorrido un paseo más tranquilo y, donde hay tranquilidad, puede surgir la alegría. Alegría de vivir. Eso dicen...
-Me marcho mañana a León.-me dijo Blanca con la cabeza gacha, negándome la posibilidad de atisbar en su mirada la pena que contenía su voz.
-Pero ¿ha pasado algo o simplemente vas de visita?
-Me voy para quedarme, Felipe me necesita.
-Blanca, ¿qué pasa? Me estás asustando...
Levantó la vista, me miró fijamente y vi su rostro demacrado, sus ojos hinchados y la tristeza apoderando el rostro de mi amiga.
-Tiene un tumor maligno. Estuve la semana pasada allí con él, no os quise decir nada hasta no saber ciertamente lo que le pasaba. Le hicieron varias pruebas y en unos días empieza el tratamiento, su primera sesión de quimio.
Me asustó lo que estaba escuchando, me enrabieté con el universo, me invadió la impotencia, la preocupación, el dolor...Fui incapaz de reaccionar durante unos segundos, sumida en el remolino de sensaciones angustiosas que se instalaron en mis entrañas.
-Va a ser un proceso largo, unas ocho sesiones.- continuó explicándome- Supongo que lo que peor llevará será quedarse calvo...
Sonrió melancólicamente imaginando a su pareja en esa situación.
-Estará guapo incluso calvo, él es guapo.
Asentí, impresionada ante su entereza.
-Me hicieron firmar una historia para guardar sus espermatozoides antes de la quimio, porque debe ser que puede provocar esterilidad. Así podremos tener niños a pesar de esto, en un futuro.
En aquel instante, rompí a llorar. Tenía frente a mí una mujer que, desde hacía años, soñaba con casarse y tener hijos lo antes posible con un hombre que ahora se presentaba ante un futuro incierto. Cuántas veces habíamos ideado una despedida de soltera en Ibiza, una boda en León y unos churumbeles...con Felipe. Respiré hondo e intenté tranquilizarme porque, en el fondo, me avergonzaba haberme derrumbado. Yo no tenía derecho a actuar así, teniendo en cuenta que él lo era todo para Blanca: su ilusión, su plan de futuro, su compañero diario, el amor...la alegría de vivir. Yo no tenía derecho a llorar ni siquiera por compasión.
Me agarró la mano fuertemente y susurró sin borrar aquella sonrisa que me desconcertaba completamente:
-Todo saldrá bien.
Durante este tiempo, me comuniqué diariamente con Blanca para saber cómo evolucionaba el estado de Felipe. Siempre contestaba con un "bien bien" o con alguna broma del tipo "entre que está calvo e hinchado, parece una bola de billar que va a salir rodando, ya le digo que no se me escape". Era admirable su actitud y me alegraba de que mantuviera ese sentido del humor que siempre la caracterizó, pero me preocupaba que lo utilizara como un disfraz para encubrir su temor y que no se desahogara con nadie por no crear alarma, no ser la víctima o porque se viera con la obligación de ser la pieza fuerte en esta historia. Todos creíamos que era una suerte que Felipe contara con una persona como Blanca, ella sabía cómo sacarle a flote, sabía tirar de él, arrancarle una sonrisa, ser su mejor enfermera y su mejor apoyo.
Tras un año, Blanca volvió de León. Todo había pasado ya. En cuanto la vi, la abracé con todas mis ganas. Habían ganado una dura batalla y necesitaba transmitirle todo el amor que la distancia impidió que hiciera en carne y hueso. Noté temblar su cuerpo y percibí unos leves sollozos junto a mi oreja. La aparté de mí sin soltar sus brazos.
-¿Por qué lloras? ¿De felicidad?
Ella negó con la cabeza, cogió aire profundamente, tragó saliva, lo expulsó y contestó:
-Lloro por todo este tiempo: lloro por los silencios cargados de tensión, por el terror que se manifestaba en cada pesadilla, por las veces que he respirado hondo para tranquilizarme, por las noches velando por su vida, por cada rezo interno, por el olor a hospital, por cada pelea movida por la desesperación, por la ignorancia del sentimiento de un enfermo, por querer y no poder, por el sonido de los vómitos, nuestras manos temblorosas unidas, su cabeza sin pelo, su sonrisa ante la adversidad, la mía...lloro de cansancio. Estoy tan cansada que el agotamiento pesa más que la alegría.
-Llora todo lo que necesites, Blanca. En cuanto dejes de llorar, volverás a ser feliz porque te darás cuenta de que, al fin, todo ha salido bien.
Blancanieves, te agarro la mano fuerte y te susurro que todo saldrá bien.