martes, 5 de febrero de 2013

Mamáááá, quiero ser artista!


A la típica pregunta que nos han realizado quinientas veces durante nuestra niñez "¿Qué quieres ser de mayor?", yo respondía de diferente manera según cómo me pillaran (camarera, profesora, cirujana...). Lo curioso era que lo que no variaba era el plus que añadía a mi contestación: ...y actriz, cantante y escritora (venía en pack). Según mis padres, podía hacerlo todo a la vez. Todavía hoy tengo serias dudas sobre si lo decían para hacerme callar o porque realmente creían que era capaz de ello, la confianza que siempre han tenido (y mantienen) en mí, no es normal. De hecho, estoy segura de que esto ha influido en mi carácter. Crecí pensando que tenía talento y no me cortaba un pelo a la hora de demostrarlo. En las comidas familiares a las que asistían padres, tíos, primos y abuelos, al llegar la hora del café, mandaba callar a todo el mundo para que me escucharan cantar o contar algún chiste. Pobre del que no me hiciera caso o me interrumpiera y no sólo porque aguantaría mi mal humor, sino que también la mirada asesina de mi madre (mira que mi madre es un trozo de pan, pero cuando se trata de defender a sus polluelos...miedito). Recuerdo los sábados por la noche, cuando nos reuníamos los cuatro de casa frente al televisor y enchufábamos algún programa de espectáculos donde salían todo tipo de folclóricas, MariCarmen y sus muñecos o Alejandro...Magno en aquel momento? ya pasó a ser Sanz? Oh, era mi momento favorito de la semana! Me levantaba como un relámpago a imitar a todos los artistas que iban desfilando por el hermoso plató lleno de focos, rodeado por cientos de personas que aplaudían, reían y cantaban, tal y como hacían mis padres al verme, mi público fiel.
Con el paso del tiempo, me convertí en una adolescente bastante más tímida que desarrollaba su vena artística dentro de las cuatro paredes de su habitación. Me encerraba horas y horas para escribir, cantar, bailar o simular ceremonias de los Óscar. La televisión era mi mejor compañía y me enseñaba películas alucinantes de las que soñaba ser protagonista, me mostraba un mundo lleno de Whitneys Houston, Olivias Newton John y Conchas Velasco cantando aquello de "Mamáááá, quiero ser artista!". Sí, yo también! Es más, si hubiesen existido aún las vedette, yo me lo pedía!
Sin embargo, creces y todos esos "pájaros en la cabeza" (madre mía, cuántas veces he escuchado esto!) emigran a otro nido al darte cuenta de que, en el Bachillerato, no te preparan para el arte y te tienes que conformar con participar en "La Casa de Bernarda Alba". Eso sí, papel principal porque yo lo valgo!
Los premios literarios (humildes, pero premios), las clases de clown y los gorgoritos en casa (fuera de ella si es con dos copas de más y, creedme, no se atina igual) se convierten en un plus, al fin y al cabo.
Vale, tal vez, mis padres tenían razón.

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