jueves, 24 de enero de 2013
Capítulo cerrado por decepción
Es recomendable cerrar una etapa para iniciar una nueva. Hace poco más de un mes, escribí el final de un capítulo de mi vida y, hoy por hoy, me encuentro ubicada en otro momento totalmente diferente al anterior y dispuesta a experimentar nuevas vivencias. Buenas y malas, porque incluso de lo malo se aprende.
Hoy me he topado con el folio donde expresé lo que sentía en aquellos instantes decisivos para mi salud mental y, al leer aquello, no he podido evitar sonreír. Su "adiós" fue lo mejor que me pudo pasar. Una de las razones por las que defiendo esto es porque este suceso me devolvió las ganas de volver a mi afición, siempre se me ha dado mejor escribir desde la rabia o el dolor.
10 de Diciembre, del 2012:
Ya superé la semana de encierro en casa, la semana de "cura-sana, cura-sana". Hace no mucho me dijeron que si estás triste, te tienes que cuidar. Pues eso hice, me cuidé como cuando alguien enferma de gripe: pijama; bata; zapatillas de andar por casa; kleenex reutilizados una y otra vez (esto sí que es reciclar y lo demás, tonterías); un bañito si te acuerdas o apestas; sopitas, porque se te ha cerrado el estómago; e incluso medicación a causa del dolor de cabeza horroroso que se instala en la sien tras tanto lagrimeo. No dejé que nadie me diera mimitos, sólo me ha aliviaba ABBA con "The winner takes it all" al transportarme a un mundo donde me transformaba en una diva rechazada que tiene el arte de convertir su despecho en puro espectáculo. Además, los sollozos o el casi-estrangulamiento de garganta por nudo gordo aportaban a mi voz una angustia propia de actriz de drama, interpretando la tragedia más triste jamás contada. ¡Muy teatral todo! Lo peor es que era real: mi dolor, mis lágrimas y mi voz.
Tras esta experiencia donde abandoné a mis amigos, las clases, la familia, todo lo grasiento y la alegría, opté por resurgir. Éste es un paso que hay que elegir. Tienes dos opciones: resucitar o que te salga mugre en el ombligo, se te despelleje la nariz y que de verdad te quedes sola y amargada porque apestas (literalmente y como persona infeliz).
Los días de pena son necesarios, pero hay que salvarse tras un tiempo considerable.
Eso no quiere decir que, de vez en cuando, no sucumba y sienta cómo mi corazoncito se resiente porque algo lo aplasta: oír su nombre, ver el mismo programa que sé que él está viendo, mirar el móvil y no ver ningún mensaje suyo, escuchar nuestra canción...esa maldita canción que antes gritaba emocionada y ahora se convierte en un escalofrío que penetra en lo más interno de mis huesos.
Lo más conveniente es no dramatizar (ya lo he hecho hasta ahora) y me enseñaron a tener confianza en mí misma, a ser independiente y tirar hacia adelante sin necesitar a nadie. Huía del compromiso porque lo entendía como muerte de libertad y entendía el amor como lo entiende Joaquín Sabina en "Contigo". Es más, mi única idea del amor era El Amante Bandido. Muy amante y más bandido, otro cobarde que disfraza su terror a hacerse pupa en miedo al compromiso...pero éste es otro tema. Sin embargo, apareció él y aunque tuviera cinco años menos que yo, no trabajase y su mayor diversión era hincharse a ver deporte y emborracharse los fines de semana, con él sí me planteé algo más formal. A nuestra manera, claro. Ilusa de mí...aquello no era amor, era euforia. Y por todos es sabido que la euforia (como la cerveza), tal y como sube, baja.
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No sólo me gustó este texto, sino que empatizo contigo a través de tus letras y adoro el título!!! "capítulo cerrado por decepción". Muy bueno.
ResponderEliminarUn beso y un abrazo, hay momentos en los que los abrazos son mil veces mejores que cualquier beso (bueno, cualquiera...)