Caer, levantarme y temblar...
Tiritar de miedo cada vez que te vuelvo a ver. No es que seas tú quien me provoca temor, sino lo que tu presencia provoca que sienta este débil corazón. Débil ante tu voz, tus ojos, tu aroma, tu recuerdo...desde que, en algún momento, tropecé y me di de morros contra el suelo. Entonces fue cuando me di cuenta de que no lo podía controlar todo; de que era incapaz de amortiguar el golpe; de que en vez de levantarme dignamente como era tan propio de mí, en esta ocasión necesité tiempo de lágrimas mientras permanecía tirada y, esto último, sólo saberlo yo. Fingía que estaba bien frente a ti para después soltar la muleta bautizada como Orgullo y arrojarme al suelo a patalear, cuando ya nadie podía verme.
Es díficil arrancarse a alguien del corazón cuando no quieres que se vaya. Imposible. Y aun sabiendo que es lo más sano y la operación más recomendada para dejar de sufrir y mantenerme en pie, firme sin ningún tipo de "ayuda", continúo deseando que te sigas cobijando aquí, en mí. Por eso tiemblo, a pesar del tiempo, al volver a verte. No llego a besar el suelo porque aprendí a frenar el impacto, pero es inevitable que mis piernas se tambaleen con cada encuentro, que es como una patada en el estómago, un "lo mejor es que seamos amigos" resonando en mi memoria. Me meto en el papel de mujer feliz que ha aceptado la sentencia gratamente y me muestro fuerte, incluso ingeniosa, ante tus no menos astutos comentarios. Eso siempre se nos dio bien, bromear. Cada frase, cada ironía compartida me recuerda lo bien que nos llevábamos y me es imposible dejar escapar algún gesto de melancolía. Volver a verte es una tortura. Es volver a darme cuenta de lo mucho que te echo de menos. Es volver a contagiarnos la risa con la mirada. Es sonrojarnos al hablar de viejos tiempos e incluso buscar el conversar sobre ellos, frívolamente, pero con el alma encendida. Volver a verte es una dulce tortura, una inmensa contradicción.
¿Cómo poder arrancarse a alguien del corazón si no ha habido decepción, si no hay motivos más que ambos sientan diferente?
Alardeas de ser un espíritu libre que quiere volar, probar, vivir, no herir...que no es nuestro momento y que puede que lo sea en un futuro...No tengo nada que achacarte, nada que reprocharte, nada por lo que odiarte...siempre fuiste claro conmigo. Tanto que duele, tanto que caí, tanto que (posiblemente en vano) te espero...
Ya no hay nada más que decir. Sin embargo, me encantaría plantarme frente a ti ahora mismo y mirarte a los ojos durante dos minutos (ni más ni menos). Seguro que me entraría la risa, pero seguiría fijando mi mirada en la tuya para decirte que soy buena persona y para pedirte que te cuidaras, que estoy aquí...SIEMPRE! Darte un abrazo y confesarte que nunca he querido tanto, sonreírte y cantar contigo nuestra canción...Transmitirte mi amor, mi cariño y hacerte saber que eres grande por lo que eres, no por lo que tienes...Decirte "hasta siempre" y morder tu nariz.

Qué sensación más intensa. Dos minutos, me gusta la idea, pero creo que sabemos por dentro que es insuficiente siempre cuando una mirada cala como esa que se compraría por tiempo.
ResponderEliminarYo creo que lo que hay que rescatar de este tipo de historias es haber conocido un amor así. La primera muestra del amor incondicional. Del "te amo" aunque jamás estemos juntos, "te amo por lo que me hiciste sentir", que por lo que dicen los que mucho saben, no es más que un "reflejo de ti misma". O sea que quiérete muchísimo a ti misma, que brillas, mi lady. Sentir grande es ser grande.
Besos de Lady.
Desde luego, amor incondicional. Amor del que te hace creer que eres buena gente sólo por la capacidad que se tiene para desear lo mejor a alguien, protegerlo aunque sea a distancia y alegrarte de corazón por todos sus logros (sólo,ja!). Querer así a una persona ajena a tu familia (la sangre siempre tira) resulta casi meritoso y es bonito, pero siempre asoma un poquito de egoísmo al sentirnos con la necesidad de tenerla cerca. Porque el "que TÚ m mires; que compartas tus penas y alegrías y que cuentes conmigo (porque yo SIEMPRE t voy a ayudar, porque nadie te va a querer como yo), me hace feliz" es inevitable. No duele amar por encima de todo, sino que hacerlo con la sensación de que el otro huye de eso. A veces es mejor recibir un "no" que escuchar "sí, pero no estoy preparado ahora". Será verdad que nos enamoramos de nuestro propio reflejo y por eso tiemblo yo...por el mismo temor a la intensidad.
ResponderEliminarComo ya te escribì en tu post, me tocaste la fibra con tu tema y, a pesar de que en aquel momento me quedé "muda", ahora me explayo aquí...que es mucho más fácil (y más cobarde) escribir aquí sobre emociones que expresarlas en vivo (y yo eso no sé si lo aprenderé a hacer).
Un beso y gracias, Lady jones.
Desde luego, amor incondicional. Amor del que te hace creer que eres buena gente sólo por la capacidad que se tiene para desear lo mejor a alguien, protegerlo aunque sea a distancia y alegrarte de corazón por todos sus logros (sólo,ja!). Querer así a una persona ajena a tu familia (la sangre siempre tira) resulta casi meritoso y es bonito, pero siempre asoma un poquito de egoísmo al sentirnos con la necesidad de tenerla cerca. Porque el "que TÚ m mires; que compartas tus penas y alegrías y que cuentes conmigo (porque yo SIEMPRE t voy a ayudar, porque nadie te va a querer como yo), me hace feliz" es inevitable. No duele amar por encima de todo, sino que hacerlo con la sensación de que el otro huye de eso. A veces es mejor recibir un "no" que escuchar "sí, pero no estoy preparado ahora". Será verdad que nos enamoramos de nuestro propio reflejo y por eso tiemblo yo...por el mismo temor a la intensidad.
ResponderEliminarComo ya te escribì en tu post, me tocaste la fibra con tu tema y, a pesar de que en aquel momento me quedé "muda", ahora me explayo aquí...que es mucho más fácil (y más cobarde) escribir aquí sobre emociones que expresarlas en vivo (y yo eso no sé si lo aprenderé a hacer).
Un beso y gracias, Lady jones.
No te pongas etiquetas, my lady. Déjate sentir. Lo perfecto es no llorar porque has amado? lo bueno es quedarte impasible?? la intensidad se paga con lágrimas, pero también con una vibración y momentos sublimes que muy pocos se atreven y pueden contar.
ResponderEliminarDisfruta de la vida.
Cuando alguien te dice que no está preparado, está hablando su limitación mental. Sus patrones preestablecidos... amar no es vivir las historias que leemos o vemos en la tele, esas de finales felices y perdices y héroes y villanos. Amar es amar como humanos, cometiendo errores y aprendiendo día a día. Rescatando lo mejor. Solo lo mejor en pro de nuestro bienestar. Ni más ni menos. Lo digo y me cuesta. Pero creo firmemente en ello.
Un besazo, Lady Marieta.
Creeremos, rescataremos lo mejor, disfrutaremos de la vida y daremos GRACIAS por sentir con intensidad historias más reales que las de las pelis (incluso mejores que muchas de ellas).
ResponderEliminarAmén, Lady Jones.
Mua!